«Ciudadano Kane», el inmortal retrato privado de un hombre público

Carlos Portolés
Carlos Portolés REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

Esteve Riambau, director de la Filmoteca de Catalunya
Esteve Riambau, director de la Filmoteca de Catalunya Laura Sánchez

Esteve Riambau, director de la Filmoteca de Catalunya y experto en Orson Welles, presentará este jueves una proyección de la película en el Teatro Colón

13 mar 2024 . Actualizado a las 22:21 h.

La espesa y alargada sombra de Orson Welles sigue viva a pesar de todo. A pesar del suceder de las décadas. De las muchas mutaciones del medio cinematográfico. Incluso de los escrupulosos escrutinios retrospectivos que tantas veces desembocan ahora en turba enfurecida. Welles es, todavía hoy —y hoy es siempre todavía— cosa del presente.

Este jueves, a las 19.30 horas en el Teatro Colón de A Coruña, tienen una cita sus legionarios con la proyección de la más predicada y celebrada de sus obras, Ciudadano Kane. Considerada por muchos la mejor película de todos los tiempos, este retrato velado —pero a la vez explícito— de las luces y las sombras del magnate de la prensa William Randolph Hearst (el hombre que se inventó la guerra de Cuba) tuvo que sortear con pericia algo pícara las muchas barreras de su época. Por un lado, la censura mojigata del código Hays que proscribía las desviaciones de la moral y los vicios de la carne. Por el otro, un billonario enfurecido que se sentía personalmente agraviado por el aireo de sus muchas miserias íntimas. Pero, finalmente, contra todo y contra todos, el barco no solo zarpó sino que triunfante llegó, eventualmente, a destino.

Buscando a Welles

Esteve Riambau es el director de la Filmoteca de Catalunya. Ha viajado desde Barcelona hasta A Coruña para presentar la sesión retrospectiva de Ciudadano Kane. Y es que Riambau es un gran experto en la materia. Sobre la figura de Welles, delante y detrás de la cámara, ha escrito varios libros. Él mismo, al ser preguntado, lo ilustra y resume de forma elocuente. «Llevo casi 40 años detrás de este hombre», dice.

Fue la del cineasta pluriempleado una figura poliédrica, complicada y hasta contradictoria. Casi se podrían buscar paralelismos con el propio Charles Foster Kane. Una historia de auge y caída. De rutilante estrella a roto y estrellado. Murió Welles revestido de amargor y olvidado por los que un día lo habían bañado en vítores. «Hay muchas teorías sobre su caída en desgracia. Algunos piensan que fue por sus tendencias autodestructivas. Otros creemos que en realidad él estuvo luchando hasta el último minuto, pero que la gente que podría haberlo ayudado le dio la espalda», apunta Riambau.

Rápido se borraron de la memoria los días en los que este hombre-orquesta, que peleó a la vez en tantas trincheras, lo revolucionó todo con su ingenio (y su genio). Tal y como indica Esteve, «Ciudadano Kane fue la ruptura con el lenguaje tradicional. Una obra donde se tratan los grandes temas, como la nostalgia, la vida o la muerte. El retrato privado de un hombre público».

Porque Welles fue, por encima de todo, un adelantado. Un explorador que abonó el camino después recorrerían los muchos que vinieron detrás. Lo cual suscita ciertos misterio, puzles ya irresolubles. «Con medios artesanales, fue capaz de hacer grandes películas. Queda la incógnita de saber lo que habría sido capaz de hacer en la era digital», reflexiona el experto.

La grandeza del icónico y semificticio Charles Foster Kane es su constante contradicción. Las luchas internas que enfrentan la nobleza con la ambición. La claridad con la tiniebla. «Kane es un personaje tremendamente humano. No es tan bueno como el Falstaff de Campanadas a Medianoche, pero desde luego tampoco es Macbeth».

¿Habrá otro igual?

Teniendo en cuenta el mar de horas que ha dedicado Riambau al detallado estudio del indomable artista, se comprenderá el altísimo púlpito en el que lo eleva. Al ser planteada la cuestión de si volverá a existir un Welles, responde con preguntas retóricas. «¿Hay otro Leonardo? ¿Hay otro Shakespeare?».

Aunque las figuras de tan crecida envergadura surgen, con suerte, una o dos veces por generación, no quiere decir esto que el séptimo arte esté condenado al vaciado. «Es verdad que el cine es ahora un producto fundamentalmente industrial, pero aún se hacen grandes películas. Es una industria que, ocasionalmente, produce obras de arte». Hace mucho que marcharon los Welles, Ford, Preminger o Lean. Pero hubo quien recogió el testigo. Nacieron los Scorsese, Coppola o Spielberg. Y después, a su vez, los Anderson, Sorrentino o Villeneuve. Siempre habrá voluntad de continuar. Aunque a veces haya que pelear por los espacios.

Para aprender de cine, de Welles y de la vida, es recomendable acudir a la proyección de este jueves. Una mirada al interior de Charles Foster Kane con Esteve Riambau como guía.